Un artículo de Andrés Ibañez
Un artículo muy interesante de Andrés Ibañez en el suplemento cultural del ABC (ABCD), que no me parace tan interesante por la manida polémica de las descargas, etc, sino por el asunto primario de la copia y de la naturaleza de la copia y la reproducción. De todo lo que he leído últimamente sobre este asunto, me ha parecido de lo más lúcido.
¿El ojo copia?
Copio y pego:
Firmas Por Andrés Ibáñez.
La Unión Europea
acaba de aprobar una ley de acuerdo con la cual el gobierno podrá
cortar la conexión a internet (previa sentencia judicial, ¡como si eso
fuera un consuelo!) de aquellos usuarios que practiquen la piratería.
Hace poco ha habido una manifestación en Madrid donde diversas
personalidades del mundo de las artes protestaban ruidosamente contra
la piratería y a favor de los derechos de autor. Sé que mis tortugas, por ejemplo,
se «piratean» libremente. Sé que hay blogueros que las copian y las
cuelgan en sus blogs. No creo que esto sea una práctica pirata. Lo que
sería extraño es que teniendo una máquina capaz de copiar y pegar
textos con toda facilidad, nadie lo hiciera. O que estuviera prohibido
hacerlo. La esencia de internet es precisamente eso que se llama
«piratería». Cuando entro en una página x y copio un texto o guardo una
foto en mi disco duro, ¿estoy pirateando? No, me dirán, porque esa foto
o ese texto son de «libre acceso». Pero ¿por qué son «de libre acceso»?
Una de las razones es que resulta muy difícil que no lo sean. Puedo
hacer que los usuarios paguen por acceder a una información o a una
foto, pero ni siquiera entonces podré evitar que copien la foto o el
texto. Claro que hay sistemas que hacen incopiable lo que aparece en la
pantalla. Eliminar barreras. Dificultades, trampas, muros para evitar que el odioso cibernauta
arramble con todo. ¿Para qué? ¿Qué se pretende salvaguardar? Esa misma
imagen la podré conseguir en otro sitio. Y si me la «quitan», ¿qué me
quitan? Internet es un sistema de almacenamiento y distribución de
información, y su esencia es la copia. Es una red que pone en
comunicación unos ordenadores con otros, y su razón de ser es,
precisamente, la (libre) transmisión de información. Los llamados
«piratas» lo único que hacen es utilizar una máquina que se vende en
las tiendas. Esa máquina que hemos inventado hace esas cosas. Y esas
cosas son útiles, proporcionan enormes cantidades de información a
millones de personas, eliminan barreras, ponen todo el conocimiento del
mundo en nuestras manos. ¿Quién puede creerse con derecho a impedirlo? Es verdad que vivimos en una
sociedad de ladrones. Todos sufrimos el robo, el saqueo continuo a que
son sometidos nuestros bolsillos. Cada día nos despertamos ante la
noticia de que tenemos que pagar por algo nuevo. Nos sacan la pasta
como a unos benditos. Con hipotecas, con créditos rapiña, con
impuestos, con multas, con tasas, con permisos, con nuevas medidas de
seguridad, con revisiones, con tarifas de móvil, con contratos
imposibles de rescindir, con promociones engañosas, con tarjetas de
crédito de tasa mensual fija cuyos intereses suben al cincuenta por
ciento. Sociedad de esclavos.
Uno se pregunta quién es capaz de pagar el precio de las cosas, y cómo
podemos vivir con los sueldos que tenemos y los precios que tienen los
productos. La respuesta es el endeudamiento constante, continuo,
perverso. Somos una sociedad de esclavos que trabajan para pagar deudas
y que contraen nuevas deudas para pagar sus anteriores deudas. Resulta
bastante curioso acusar a estos esclavos de ser, ahora, fíjense bien,
unos «piratas». Nadie puede ser esclavo y pirata a la vez. Por favor.
Qué morro. Antes no había piratería porque
no existían las máquinas que existen hoy. ¿Por qué no prohibir internet
directamente? ¿Por qué no prohibir los ordenadores personales o los
nuevos soportes y regresar a la era del CD, o mejor aún, a la del
incopiable disco de vinilo? Y ya puestos, ¿por qué no destruir las
imprentas y convertir los libros en objetos únicos? Hoy todavía está
prohibido hacer fotos en algunos museos. Deberían quitarnos los ojos,
también, que tienen la capacidad de copiar lo que ven y guardarlo en la
memoria. Y prohibirnos que hablemos unos con otros y nos contemos un
libro o una película. Para no vulnerar los famosos «derechos de autor».
Lo siento, no te puedo decir de qué trata 2012 porque no quiero
vulnerar los derechos de autor del guionista. Si quieres enterarte,
paga la entrada como Felipón. Espero con nerviosismo el primer
caso, la primera sentencia, la foto del primer pirata desterrado del
paraíso de internet. Espero el momento en que todos los periódicos
recojan la noticia de que a Agustín Ferrater Gómez, de Argamasilla de
Alba, se le ha prohibido el acceso a internet por realizar descargas
ilegales. Ojalá tal situación disparatada no llegue a producirse nunca.
Publicado a las 08:15 de 13/12/2009








