Providence, nueva novela de Ferré


PROVIDENCE, Juan Francisco Ferré (Anagrama), Finalista Premio Herralde de Novela
De su blog:
¿Qué es Providence? ¿Un videojuego maléfico? ¿Una monstruosa página web? ¿Un complot ocultista con ramificaciones tecnológicas? ¿Una película imposible sobre el futuro? Todas estas cosas y ninguna. Desde luego no es una biografía apócrifa de Lovecraft, por más que éste pueda declarar en el epígrafe: "Providence soy yo".
Providence es una novela hipnótica que encierra muchas novelas o versiones de sí misma, todas ellas sorprendentes y originales: relato de terrores y terrorismos post-11S, novela de campus pornográfica, reverso tenebroso del american way of life, reescritura no cinéfila de la Historia del Cine; retrato, en fin, en uno de sus niveles más lúdicos, de una conspiración a escala global para imponer el mundo virtual al mundo real.
Providence es un libro rompedor y vírico. Su conspicuo protagonista, Álex Franco, es un cineasta español con una visión perversa de Hollywood. Tras obtener cierta nombradía underground con sus cortos juveniles, ve como su primera película fracasa en el Festival de Cannes. Es aquí, sin embargo, donde conoce a una misteriosa mujer, Delphine, que le propone el proyecto de una nueva película, Providence. Este es sólo uno de los principios visibles de la novela. Otro podría suceder unos meses antes, en Marraquech, donde Franco, como artista ambicioso e insatisfecho, se atreve a firmar un pacto fáustico a fin de liberarse de la maldición de su vida.
Providence es también la ciudad norteamericana en la que Franco, personaje conflictivo y escandaloso, se instala con la promesa de realizar todos sus deseos y fantasías sin hacerse una idea de lo que le espera allí: sectas mafiosas, conspiraciones apocalípticas y sociedades secretas que pugnan por el control de su metamórfica realidad. Ese siniestro mundo lovecraftiano que acaba devorando a la novela y a su protagonista.
Providence es, en suma, un viaje cinematográfico al fin de la noche americana. Esa América real que encubre el horror gótico tras una fachada colorista de glamour y consumo. Esa América que vive ya una utopía tecnológica inimaginable sin renunciar a su imagen decimonónica y sus valores vetustos.
Providence pretendería dar así una respuesta contundente a lo que se puede esperar de una novela escrita a comienzos del siglo XXI.
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Me llegó hace 3 días esta novela. Comienzo a leer. La prosa, como siempre en Ferré, certera y minuciosa. A la tercera página ya hay algo extraño. Festival de Cannes, un joven y mediocre director se encuentra con una mujer de unos 75 años en los pasillos del hotel, ella le invita a ir a su habitación, allí lo incita a acostarse con ella, en la cama; no en el suelo, en la cama, insiste la anciana. Pasados unos minutos, él nota que en la cama hay alguien más, hay una tercera persona. Se trata de un maniquí, extremadamente realista y a escala real, de la anciana, pero cuando ésta era joven, muy joven. Ella siempre lleva consigo el maniquí, le da confianza.
Cierro el libro. Es demasiada buena y turbadora esa historia como para continuar leyendo sin más. Pienso en esas páginas toda la noche, mientras ceno Corn Flakes, mientras bebo una copa de vino tinto, mientras veo DEC, no puedo dejar de pensar en ellas.
Al día siguiente llamo a Manuel Vilas,
-Manolo, ¿te ha llegado el libro de Juan Francisco?
-No, lo espero.
-Agárrate, 587 páginas.
-Sí, se merece una paliza por eso.
-Fijo, en Madrid se la damos.
-¿Te cuento la primera escena?
-Suelta.
Y suelto.
Ataque de risa tonto en el teléfono, mezclado con ese miedo que producen las desviaciones de lo real. No podemos parar. Entretanto, estoy mirando por la ventana que da al Club Náutico, un vecina cuelga ropa de bebé en la azotea de al lado. Pasa un avión pero no deja estela alguna tras de sí. La mujer mira el avión y yo miro la ropa de su bebé, y Vilas continúa:
-Juan Francisco es un monstruo, qué bueno, a su lado somos monaguillos. Es un obispo. Es un obispo.
-Sí, sí. Y la paliza no se la quita nadie. Yo tardo 2 años en leer una novela de 580 páginas. Y si es buena, aún tardo más, porque hay que ir parando.
-Yo, lo menos tardo 3.
-Vilas, ¿colgamos?
-Sí, sí, colgamos.
Y colgamos, y pienso en que si esa escena de Providence fuera una población y el libro fuera un país, esa población desbordaría el país, un continente desbordado por su contenido. Una pupila dilatada más allá del globo ocular. La madre de todos los deshielos, la madre de todos los Cambios Climáticos. Algo así.
http://heralddaily.com/2009/11/05/land-mass-and-population-size-by-country
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Aparte: para quien quiera reirse un rato. Aquí
Publicado a las 21:15 de 23/11/2009








