a mí me interesa mucho Panero. Está claro que El Desencanto fue para mí una obsesión, no sólo por mostrar la decadencia de una familia, sino por enseñarnos la decadencia de algo llamado España antes del 76, es decir, la España fascista. Funciona como un espejo con personajes completamente extremos. Sí, recuerdo este documental que mencionas Inpuro, se lo dejé a mi jefe y nunca más me lo devolvió. También hay un momento muy divertido cuando entran en una librería y Panero comenta los libros de una forma alucinante "ese tal Rilke es bueno, eh" (o algo así, en aquel momento todo el muy natural), y el Bunbury que siempre parece caído del cielo no dice nada, como un chiquillo ante los reyes magos, y Carlos Ann anda suelto y divertido con su rock-style, no dejan de ser unos amigos. De hecho el docu me lo pasó Carlos Ann, al que no conozco más que de eso. Creo que me repito en algo de lo que hablamos cuando tú, Agustín, colgaste lo del Desencanto... Mary, va a gustos. Pero para mí, desde El Desencanto hasta el día de hoy, siempre me ha parecido que Panero estaba ya de vuelta, que cuando unos iban (y Juan Luis es de los que "van"), él ya volvía. Podía haber puesto su sensibilidad y su inteligencia al servicio de la literatura amable, o al servicio de "otra" literatura, pero prefirió cargarse al padre, y con él, también a "una forma" de literatura. Sus ensayos y algunos poemas son muy potentes, más allá de ciertas escatologías, tacos y demás. Pero bueno, nada ni nadie es inocente, ni los que trabajan para la Corte. Por ejemplo, Hoy he ido al Prado y me he reído un montón con Velázquez: su homenaje queer en el cuadre Marte, el erotismo homoerótico de Mercurio y Argos, el burlesque de Felipe IV con su cabeza enana y su monstruoso cuerpo de patata podrida. Bueno, exagero, saludos, voy a leer el poema de Joan Fontaine...