El hombre que salió de la tarta - Blog de Agustín Fdez. Mallo

Reloj de 100 años

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El reloj de los 100 años cuyo destino final es la autodestrucción

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Precioso este montaje medio artístico medio reloj de verdad llamado Time in Six Parts. En The Design Blog explican cómo funciona: tiene un motor que da vueltas a 60 revoluciones por minutos; las diversas ruedas engranadas giran entonces cada vez más y más despacio, en función de su tamaño y posición: cada minuto, cada hora, cada día, cada mes, cada año... hasta el punto que la rueda exterior realiza un ciclo completo al cabo de un siglo.

El conjunto necesitará 3.160 millones de revoluciones en el motor para completar el ciclo total, momento en el que la pieza exterior llegará al agujero que hay en el marco, desmontándose y destruyendo la obra. Un trágico destino final, a la par que artístico... que nosotros desde luego no veremos porque será dentro de cien años

 

f2) Me he preguntado qué hubiera pensado Michael Jackson, eterno, personaje ya bíblico, de este reloj que destruye el tiempo y, con él, se destruye a sí mismo. ¿Se lo hubiera creído, o hubiera dudado de su existencia de la manera en que nosotros dudamos de la existencia de vida más allá de la Tierra? Me he preguntado, también, cuál era la rueda abierta y secreta que Jackson llevaba dentro para, llegado el momento, romper su tiempo y mandarlo todo a la mierda. Me he preguntado si lo sabía, si sabía de la existencia en su interior de ese reloj de falsas ruedas. Un vinilo roto, eso es lo que llevaba dentro el último Rey, no del Pop, sino Rey de una época, casi remota, llamada Vinilo. 

El plato del tocadiscos que gira dentro de su estrella.

 

 

Publicado a las 08:45 de 30/6/2009

[Imprimir / 11 comentarios]

Comentarios.

Por kilometrica y submundos . El 30/6/2009 a las 13:52

Creo que todos jugamos con nuestras ruedas y les damos mil vueltas conociendo el destino final: el chimpún. Unos somos más enredosos que otros. Algunos originales hacen que las vueltas giren sobe si mismas en graciosas piruetas, otros rectos llevan las ruedas siempre a un mismo ritmo aburrido y sosísimo. Miquel tuvo bastantes posibilidades de enredar lo suyo, creo que jugó como supo y eso es lo que tuvo, juego, fama, entretenimiento y por supuesto la otra cara de la moneda. Como todos. Me alegra conocerte. Kilometrica

Por agustín . El 30/6/2009 a las 20:37

Gracias, kilométrica, supongo que sí, que cada uno lleva su reloj autodestruible dentro.

Por qlin savo . El 01/7/2009 a las 00:01

Nada se destruye
todo es un asesinato

Por Kaiser . El 01/7/2009 a las 00:17

Igual no se trataba de las ruedas de dentro, sino del agujero del marco, del agujero por el que los demás creían ver algo de las revoluciones de las ruedas de dentro. Es lo malo de la gente, que no es plana y no le puedes poner líneas con las leyendas al lado.

Por María del Mar . El 01/7/2009 a las 11:30

Poético...

Por devoranocilla . El 01/7/2009 a las 11:43

"Un desierto es un espacio, y un espacio se cruza". Todos tenemos que cruzar desiertos; dividirlos en 6 partes puede hacerlos menos indigestos, como un filete cortado en trozos pequeños. La vista aérea de Neverland, el rancho de Michael, revelaba un gigantesco reloj de merengue. Como una noria a la que estaba fatalmente atado, siempre avanzando, sin poder ir hacia atrás, sin llegar nunca hacia esa niñez perdida, como la parte de atrás de los coches, en la avenida de dirección única, hacia el espigón.

Por Marta Parés . El 01/7/2009 a las 13:03

Como ya han comentado, todos llevamos dentro un caleidoscopio que no se desvela hasta el final (el momento trágico, fatal, del despegue). Como Jackson, la nuestra es una generación de caleidoscopios en forma de "googlegrama" (en op. cit. la obra de nuestro contemporáneo de la fotografía Joan Fontcuberta) que no se autodefine; nadie se autodefine nunca. Esta es la gracia y la nebulosa de la vida, que no sabemos lo que somos o tenemos hasta el final.

Saludos,
Marta

Por Pereirico . El 01/7/2009 a las 13:14

El reloj que muestras me recuerda a un péndulo de parecidas intenciones que había en la Casa das Ciencias de Coruña (en el hall de la entrada, me parece), creo que fue mi primer encuentro palpable con el paso real del tiempo. En cuanto al bueno de Jacko… lo primero que hice al conocer la trágica noticia fue ver el video en el que Jarvis Cocker trata de “humanizarlo” boicoteando una de sus faraónicas actuaciones de los 90 en los Brit Awards [http://www.youtube.com/watch?v=upbbz_Eyq4Q] . De nuevo fue el tiempo el que acabó haciendo ese trabajo que Jarvis dejó a medio acabar y que le costó una noche de calabozo…

Por Ingrid . El 01/7/2009 a las 18:38

no sé si era muy bueno Michael Jackson, compartía la máxima crística del amor al prójimo resumida en la sentencia "dejad que los niños se acerquen a mí", pero eso es lo de menos para decir que musicalmente era una joya en el siglo de las pocas luces. Seguimos de luto, claro. Todo el mundo llorando o cotorreando a la una, y así el mundo parece más bueno. Seguimos de luto. Alzamientos militares. Y ayer: PINA BAUSCH..., silvada, por cierto, en el Liceo de la Barcelona cool.saludos!

Por agustín . El 01/7/2009 a las 18:52

Gracias por todos los comentarios. Que sugieren muchas cosas. Lo que me está extrañando (o no), con la muerte del MJ es que de repente ha pasado de persona supuestamente plana y previsible, casi ya vulgar, a un lechado de misterio, un final propio de un Shakespeare, una Agatha Christie o un Manga. Eso es algo que siempre me maravilla, cómo una cosa se transforma en otra, un auténtico cambio de fase en unos segundos.
Un Saludo!

PD: Es cierto, Pina Bausch, grande. Tengo una amiga bailarina que estudió con ella en Berlín. Nunca le he preguntado una palabra sobre la maestra, -qué apático, ¿no?- Ahora ya me intriga.

Por Perlita de Huelga . El 02/7/2009 a las 08:46

Pues a mí Michael Jackson me parecía una cebolla repelada y con la piel carcomida. Yo es que después de Thriller no le hice mucho caso y cuando publicó ese disco yo era joven e impresionable. Pero hoy aún me gusta.

No tiene más vuelta de hoja: era un esclavo de la fama desde los seis años. ¿Quién puede ser normal?

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Película Proyecto Nocilla. 60 minutos
Con entrevistas a Pere Joan, Vicente Luis Mora, Antonio Luque, Eloy Fernández Porta y Luis Macías

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El autor en el estudio de Ester Partegàs. Enlace a la biografía en Alfaguara

Biografía

Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) es licenciado en Ciencias Físicas. En el año 2000 acuña el término Poesía Pospoética —conexiones entre la literatura y las ciencias—, cuya propuesta ha quedado reflejada en los poemarios Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus (2001), Creta lateral Travelling (2004) y el poemario-perfomance Joan Fontaine Odisea [mi deconstrucción] (2005). En 2007 fue galardonado con el Premio Ciudad de Burgos de Poesía por su libro Carne de Píxel. Su libro, Postpoesía, hacia un nuevo paradigma, ha sido finalista del Premio Anagrama de Ensayo 2009. En el 2006 publica su primera novela, Nocilla Dream (traducida a varios idomas), que fue seleccionada por la revista Quimera como la mejor novela del año, por El Cultural de El Mundo como una de las diez mejores, y en 2009 fue elegida por la crítica como la 4º novela, en español, más importante de Década. Crítica y público han coincidido en el deslumbramiento que está suponiendo este Proyecto Nocilla para las letras españolas, del que Nocilla Experience (elegida mejor libro del año por Miradas2, TVE y Premio Pop-Eye 2009 a la mejor novela del año, incluído en los Premios de La Música y La Creación Independiente) constituye la segunda entrega de la trilogía, y que concluye con Nocilla Lab.

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Nocilla Lab

«No sé si tendría valor para esa clase de regreso a mí mismo.»
El desastre de Chiang Mai durante un viaje a Tailandia fue la azarosa oportunidad para que Agustín Fernández Mallo volcara en un relato tripartito sus experiencias con esa cosa tan extraña llamada Mundo. Nocilla Lab es el cierre lógico y multidisciplinar del Proyecto Nocilla.

Una road movie autorreferencial y visionaria, inquietante, donde un hombre y una mujer buscan poner en marcha el Proyecto, una excusa para hurgar en sus sueños y en su propia relación. Un certero relato del arte de crear, de escribir, de imaginar. El trayecto acaba en una antigua prisión en la que un hombre se enfrenta a otro, con el suspense y la tensión de un thriller, un hombre contra sí mismo en un final original y sorprendente.

Como un demiurgo disfrazado de DJ ficcional, Agustín Fernández Mallo transforma cuanto encuentra a su paso en una nueva realidad, la creada por su mesa de mezclas, convirtiendo lo paradójico de la existencia en una verdadera poética. Pura física elemental.

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«El mundo se rige por el azar de un parchís, no por las mecánicas leyes del ajedrez.»

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