Pequeños Círculos, Premio de Poesía Ciudad de Burgos 2008
Ya está en las librerías el último Premio de Poesía Ciudad de Burgos, Pequeños círculos, de Alberto Santamaría (editorial DVD).
Alberto Santamaría, autor de poemas que ya son clásicos contemporáneos [como Himno a Angels Barceló o El Día Que Murió Joey Ramone], y quien afirma en una nota final que escribió el libro en una habitación con una ventana que daba a un paisaje industrial desmantelado y también de extrarradio (ver su blog), tiene el inusual don de poner en equilibrio su sólida formación clásica con el pulso poético que hay en lo doméstico y en lo contemporáneo.
De la contracubierta:
Varios son los lugares de este libro. Varios son sus itinerarios. Pequeños círculos carece de un tema central o, más bien, su tema son las afueras. Las afueras del lenguaje, las afueras de la identidad, las afueras de la memoria, las afueras de la ciudad... Los personajes transitan por el libro difuminados, desde una escritura concebida como una percepción simultánea de la realidad. En Pequeños círculos todos los sucesos parecen tener cabida. Naves abandonadas, cristales rotos, el amor como un sistema de pérdidas, la memoria como un paisaje industrial, un filósofo que trabaja, bidones, cañerías oxidadas, buscadores incansables de cobre y chatarra, grúas que descansan en domingo... Estos son, entre otros muchos, los caminos por los que este libro se mueve para crear su propio laberinto.
EL SONIDO DEL CHAMPÁN
Nos hemos sentado en la única mesa libre del restaurante, y sin embargo sigo imaginando que todo esto no es más que otra pegajosa forma de eso que llamamos realidad, con sus letras grandes y naranjas, con su disciplinado sentido del amor y la costumbre, con sus batas y sus quitanieves, con su música de erizo, con sus etiquetas patrióticas sobre las latas de albóndigas. Pronto vendrá el camarero. Es difícil volver a lo que ya conocíamos pero demasiado fácil acostumbrarse a ello. Era la época en la que vivías en un séptimo piso cuando tu vecina, una vieja gorda con aliento a algas podridas, se lanzó por la ventana dejando una estela gris de paloma en el aire. Durante días tuve en la cabeza el sonido gaseoso de su cuerpo al chocar contra el suelo. Me despertaba en mitad de la noche con ese sonido seco y doloroso como una botella de champán barato al ser abierta. Era una serpiente que volvía, regresaba, se enroscaba sin principio ni fin. Y se repetía una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez en medio del océano donde me encontraste.
-¿Quién probará el vino esta noche, señores?
CONTARLO ES FÁCIL (La tristeza fragmentada de un actor de teletienda)
Como si dijera mi vida es ese pequeño desastre en forma de pera
regresó de nuevo a sus cosas.
La fruta se oxida
delicadamente
pasados diez minutos, dice con sabia
prudencia la mujer
rodeada de anacardos.
(Pero, ¿cuáles son sus cosas?)
Tan sólo necesitas un recipiente opaco
para que la vida siga su curso. Que la luz
no estorbe al verde labio de la fruta.
Los platos sin fregar sobre la encimera
cuentan entonces una historia que pocos sabrían narrar
tan bien como tus manos,
pálidas y perfumadas
dentro de sus guantes.
(Alguien huye hacia alguna playa de su pasado.
Sobre la arena los besos se elevan como dunas.
Ser aquel chico rubio y zalamero de nada sirve
ante la resina del azar. Tres cerezas dibujaban un premio. Un limón, la nada).
Las sillas de la cocina son blancas e incómodas
(ahí tienes cojines por si te hacen falta). Hay algo de belleza racial
en la comodidad. ¿Por qué el naranja nos resulta tan incómodo?
Contarlo es fácil.
Ahora sólo hace falta
saber pelar
este desastre.
ANÉCDOTA DEL HOTEL
No hay teoremas para esto.
Quizá ni siquiera haya gasolina suficiente para la vuelta.
Donde hay espejos es inevitable la vida.
Alberto Santamaría (Torrelavega, 1976). Doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca. Es autor de los siguientes libros de poesía: El orden del mundo, El hombre que salió de la tarta y Notas de verano sobre ficciones del invierno. Ha publicado los ensayos El idilio americano. Ensayos sobre la estética de lo sublimey El poema envenenado. Tentativas sobre estética y poética. Ha editado la poesía ultraísta de José de Ciria y Escalante bajo el título De mi sortija penden todos los merenderos, así como la novela Logaritmo de Antonio Botín Polanco. También ha llevadoa cabo una antología y estudio de la poesía de Luis Felipe Vivanco titulada El alma de un oso blanco. En la actualidad dirige la revista Nadadora.
Publicado a las 08:00 de 25/2/2009








